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¿Cómo nos estamos vinculando con nuestro Ecosistema?

Todo se trata siempre de nosotros, de las personas. Pero ahora quiero tratar de describir cómo el entorno que está en constante cambio y en el que estamos insertos influye en nuestros silencios, acciones, emociones, decisiones, entre otras cosas.  Nuestro interior interactúa con este entorno de distintas maneras y nuestra mente crea realidad a partir de sus estímulos. 

 

Creamos realidad a través de palabras o acciones alimentando lo que podríamos denominar un presente eterno que es el que habitamos y el cual transformamos consiente o inconscientemente.

 

La definición de entorno: “Conjunto de circunstancias o factores sociales, culturales, morales, económicos, profesionales, etc., que rodean una cosa o a una persona, colectividad o época e influyen en su estado o desarrollo“.

Si el entorno es siempre cambiante y en él confluyen innumerables estímulos tales como interacciones con terceros, bombardeos incesantes de información producto de nuestra sociedad de consumo, etc., ¿cómo llegar a estar siempre presente, atento o conectado para aprovechar al máximo las oportunidades que el entorno nos brinda para desarrollarnos?

 

La mayoría de las veces la gente no es consciente de su entorno y menos aún de la conexión que existe entre aquello que hace y el por qué decide hacerlo. Las personas valoramos las cosas de diferentes maneras porque pensamos de manera diferente ya que nuestros sistemas de valores son diferentes. 

Si reducimos el concepto de entorno solamente al de campo social podremos observar que este se asemeja al de una pradera. Esta está compuesta por una parte invisible que es el subsuelo y por otra parte visible que es el pasto. Podríamos decir entonces que la parte invisible (subsuelo) con sus nutrientes, minerales, etc. posibilita que ocurra o emerja lo visible, que es la pradera.

 

Los fenómenos del entorno (campo social) son cotidianos y están normalizados alimentan y sobre estimulan nuestras interconexiones neuronales de manera reiterativa extendiéndose a ámbitos tan variados como espacios, objetos, información, situaciones y a oscilaciones de todo tipo que están en constante cambio, alimentando la mente y las emociones sin que nos demos cuenta. 

 

Si logramos tener esto medianamente claro mi pregunta es: ¿desde dónde puede cada persona optimizar su capacidad natural para aprender y desarrollarse con el entorno?

No lo tengo claro, solo sé que existe un punto ciego tanto a nivel individual como colectivo que no estoy siendo capaz de detectar y que me hace ruido. Si me voy a la superficie (campo social) tal vez podría trabajar en mis prejuicios y aplicar el vive y deja vivir, ahí puede haber una clave, pero es muy difícil. Tal vez si trabajo mi densidad del ego lo relativizo y me des identifico de él podría llegar al punto de no tener la razón y eso me dispondría a estar abierto a más aprendizajes, y a un mayor desarrollo personal.

 

Sigue siendo muy difícil.

 

Finalmente pienso que para desarrollarnos en este gran entorno que es la sociedad             ( o como me gusta decirle a mí, campo social) debemos considerar que la 

la moderación es la clave, pensar menos, hablar menos, hacer menos, ser más, meditar más, practicar el silencio, servir a los demás y no desear el fruto de nuestras acciones. 

En definitiva, ir livianos, con poco equipaje y abiertos a lo que tenga que emerger, no a lo que queremos que suceda.

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sobre mí

He trabajado en el área del desarrollo humano con Universidades y ONG en Chile, Hungría y Estados Unidos.

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